Reseña 'Orissa' en Palabra de Gatsby

04.09.2017

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Título: Orissa (I y II)
Autor: Allberto Rueda
Editorial: Autopublicación
Ilustración: Mónica Gallart
ISBN: 9781548768867
Nº de páginas: 1100 págs.

Sinopsis:

La India, finales del siglo XIX: un lugar mágico y misterioso en el que infinidad de culturas y religiones conviven bajo el mandato de un, cada vez más desmoronado, imperio británico. A las afueras de la gran ciudad, Nagesh, un joven paria que ya había perdido a su madre al nacer, ve cómo su padre es asesinado a manos de dos bandidos que asaltan su choza en mitad de la noche. Solo y desorientado, vaga por caminos hasta llegar a un monasterio cristiano cuyos monjes se apiadan de él y le dan cobijo. A salvo tras los gruesos muros de piedra, Nagesh crece y es educado en el seno de una apacible vida monacal que aletarga su sed de venganza. Sin embargo, la forzada reclusión a la que lo somete el obispo que comanda la congregación se va tornando insoportable, en especial tras una escapada furtiva en la que conoce a Shefali, una hermosa chica hindú que vende flores en el mercado. Pero, por mucho que lo presionen, el religioso ya no puede ceder; teme que el muchacho acabe descubriendo el enfermizo secreto que encierra el pasado y, con ello, los designios que muestran los libros, los templos y las constelaciones que alumbran el cielo se hagan realidad.

Muchísimo tiempo después de lo que yo esperaba, he terminado la lectura más densa que he querido realizar este año 2017. Orissa de Alberto Rueda ha sido una lectura de proporciones gigantescas que ha sido complicada de compaginar con los envíos editoriales, pero que no he podido abandonar por la grata sorpresa que ha supuesto para mi. He decidido terminar ambas partes para poder realizar una crítica íntegra de esta publicación que podríamos calificar como "bilogía" o "novela en dos partes".

Orissa de Alberto Rueda nos permite viajar a la India del siglo XIX, más concretamente a la región de Orissa (actualmente estado de Odisha) durante la ocupación de un ya decadente imperio británico. Aquí vive el joven Nagesh que ha perdido a su madre en unas condiciones muy extrañas y que arrancará la historia perdiendo a su padre, asesinado por unos bandidos, y tendrá que acudir a un monasterio cristiano donde unos monjes le ofrecerán el asilo que necesita.

Nagesh observa el cielo nocturno a través del pequeño ventanuco que hay abierto en la pared. Sería difícil precisar el número de horas que puede haber pasado a lo largo de su vida tumbado en su cama contemplando el firmamento. Él sabe que cuando cae la noche y el mundo se tiñe de negro, las criaturas más peligrosas del bosque salen a cazar, y es tiempo de resguardarse y esperar con paciencia un nuevo día. Solamente el cielo ahí fuera, aún contagiado de esa tonalidad siniestra que le rodea, se mantiene apacible y sereno, y se puebla de luces blancas que mitigan las tinieblas desparramadas a sus pies. Así queda preservado el equilibrio universal que existe entre el bien y el mal, entre lo puro y la turbiedad cegadora, y la vida puede continuar de ese modo su lánguida y anodina decadencia. Es algo que Nagesh sabe muy bien y por eso espera, protegido al amparo de la luna y su deslumbrante séquito de estrellas, a que el sueño le arrebate poco a poco la consciencia. (pág. 15)

La trama de la novela es sorprendente y con unos giros narrativos muy destacables. Alberto Rueda teje una compleja red con muchas líneas argumentales que recupera siempre con exactitud y según la historia lo exija. La vida de Nagesh se sostiene como eje central de un entramado frágil pero tratado con la suficiente solvencia para no sufrir fracturas irreparables. Pese a su extensión no peca de incluir episodios baladís ni de una narrativa cargante. Hay también que destacar que la primera parte de la novela es algo más lenta y dedicada a construír la historia y la segunda es muy ágil y que se centra mucho más en resolver tramas y cerrar incógnitas con maestros giros narrativos.

Los personajes de Orissa representan cada uno de las clases sociales y colectivos prototípicos de la sociedad india del XIX. La opresión británica sobre el país está muy bien representada por Lord Britton, los conflictos religiosos por Nagesh y los monjes, la difícil posición de la mujer por Shaana y la madre de Nagesh, el difícil mundo del comercio por Shalim y la injusta (a)legalidad impuesta por los británicos por Narayan. Todos estos personajes, y otros que no he nombrado, están muy bien construidos psicológicamente aunque quizá falta un matiz más fisiológicamente descriptivo en algunos de ellos.

Desde que Lord Britton ocupó el cargo, ha estado subiendo los impuestos de forma sistemática sin preocuparse de si en muchos casos el montante supera la renta de los contribuyentes. No pocas personas se han visto obligadas a buscar nuevas fuentes de ingresos al margen de su actividad principal para poder hacer frente a las tributaciones y otras muchas directamente han optado por pagar el máximo al que han llegado, aplazando el pago de lo restante mediante vagas promesas de difícil cumplimiento. (pág. 190)

Las historias populares, mitos y leyendas están representados durante toda la novela. En todo momento se da importancia a las creencias y a la vinculación de estas con el futuro de los personajes. Partiendo de la base de que la religión es un pilar fundamental de las sociedades, aunque la vamos perdiendo poco a poco con el paso de los siglos, Alberto Rueda aprovecha la novela para criticar diversas situaciones y informarnos de otras que podríamos desconocer.

Nagesh toma asiento junto a sus compañeros, deseoso de dejar atrás cuanto antes la zona boscosa y volver a la civilización. No le extrañaría que los aborígenes practicasen el canibalismo, aunque fuese como expresión de un sentimiento místico más que por la necesidad. De hecho, recuerda que el hermano Saravanan le habló alguna vez de las tribus salvajes que poblaban los bosques y sus arcanas costumbres, y participar en ellas no le parece en absoluto tentador. Estas se habían mantenido intactas durante siglos, girando en torno al poder encerrado en el cuerpo humano y las principales formas de transferirlo entre uno y otro. Y sí, la mayoría de ellas se basaba en la ingesta como tal, aunque las más vehementes no esperaban a que la fuente de energía dejase de respirar. (pág. 437)

Es evidente que el proceso de documentación en esta novela ha sido un principio indiscutible ya que se trata con mucho detalle aspectos tan a priori irrelevantes como los entrenamientos militares o las distintas ceremonias o ritos religiosos. Personalmente me resulta muy interesante poder disfrutar de tantos detalles sobre la historia, clases sociales y organización del estado Indio, aunque también reconozco que para los lectores que buscan una lectura más superficial puede llegar a ser muy tedioso.

Las lecciones de lucha con espada se desarrollan en un ambiente de rigurosa disciplina. Al principio, su carácter era básicamente teórico y el instructor solía comenzar cada día con un nuevo movimiento, el cual se añadía a los ya aprendidos, y explicaba cómo se podía relacionar con ellos para dar forma a ataques más poderosos. Y es que, como tienen ocasión de comprobar, si algunos movimientos son bastante efectivos cuando se ejecutan por separado, combinados con precisión pueden resultar letales. A medida que la parte técnica se identifica, también crece la dureza del entrenamiento, y a la par, su peligrosidad. (pág. 620)

No hay ninguna duda en esto, lo mejor de la novela es su ambientación. Recuperando lo dicho con respecto a su documentación, la creación de espacios es para el autor algo muy sencillo. Los diversos ambientes responden a una estética muy visual y la adecuación elemento-época no permite la existencia de anacronías (por lo menos no me ha chirriado ninguna).

El ambiente en estas calles, es muy diferente entre el día y la noche. Mientras el dios Suyra domina los cielos, la gente basa su vida en el comercio, el cual fundamenta la existencia misma de la ciudad. Los vendedores comercian con verduras, especias, telas y artesanía detrás de sus endebles tenderetes mientras la ciudadanía se aprovisiona con el poco dinero que tiene para poder sobrevivir un nuevo día. Por la noche, la actividad se traslada a mancebías donde las madames ofrecen el cuerpo de sus prostitutas a cambio de unas pocas monedas verdosas. (pág. 664)

La narrativa es el punto más débil de la novela y para nada es de baja calidad. Se nota que es una primera novela y, aunque se nota el esfuerzo en su corrección, no hay un estilo narrativo concreto y personal ya que se deja empapar mucho de otras lecturas en diversos momentos. Sin embargo con el paso de las páginas esta narrativa crece en gran medida y cierra la novela con un estilo más pulcro y más cercano a lo que un escritor necesita.

Pero los actos de los hombres son poco a poco más nocivos y a la tierra le cuesta cada vez más tomar aliento, hasta un punto en que su cadencia no es suficiente para asimilar tanta inmundicia. Entonces las sociedades en las que eso se produce empiezan a corromperse aceleradamente hasta la autodestrucción. (pág. 104)

En conclusión, me alegra mucho haber dado una oportunidad a esta novela tan extensa y a la narrativa de Alberto Rueda. Para ser un primer proyecto, el autor no se deja amedrentar y plantea una historia de increíble magnitud y extensión, que recomiendo se lea en dos partes para no saturarse y perder detalles sobre ella.